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febrero 04
/ número 48
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por Max Vite Después de dos años de dedicarse a la recopilación de documentos e ir a las fuentes directas de información en el Archivo General de la Nación, Jacinto R. Munguía enfrentó el “proceso de armar un ejemplar que ha sido terapéutico, no puedo tenerlo y que no se sepa”. La apertura de los archivos secretos que guarda el antiguo Palacio de Lecumberri, ha permitido a investigadores, historiadores y también a periodistas, obtener información de primera mano a fin de descubrir la otra cara de la historia. Dedicado de tiempo completo a este quehacer, el periodista y columnista Jacinto R. Munguía escribió Las nóminas secretas de Gobernación, “libro que si se mueve, lo hace solo; hay que darle un empujón”, el cual está dirigido no sólo a comunicadores y estudiantes, sino también a historiadores. En entrevista con Zócalo, Jacinto R. Munguía, quien colabora para el semanario Proceso, consideró que la apertura de los archivos secretos no ha sido bien calculada por parte del presidente Vicente Fox, “la emoción de responder a todo, esa actitud de actuar a botepronto, de dar mucho, lo obligó a ofrecer la apertura y creo que valió la pena aun cuando haya sido un riesgo para el sistema abrirlos a la larga”. Al retomar el tema de uno de los capitulados del libro, afirma que esta acción “tendrá un costo, pero es mejor que no haya un cálculo político; es una de las ventajas que tiene la apertura, lástima que no se aprovechen como deberían ahora que están abiertos”. La XXV Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería será el escenario idóneo para presentar su libro en la excapilla de este recinto universitario el día 25 a las 19:00 hrs. Lo acompañarán Ciro Gómez Leyva (conductor de CNI Canal 40), Pascal Beltrán del Río (periodista), Kate Doyle (encargada del proyecto Archivos de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington) y Ernesto Villanueva (abogado especialista en medios y presidente de LIMAC). Nuestros recursos para el espionaje “El Estado mismo te espiaba a través de sus aparatos, además de eso utilizaba los recursos que tú o yo generábamos como ciudadanos. De pronto eso es molesto, yo te pagaba para que tú me espiaras; contribuía para que tú me espiaras. “Por eso se justifica. Ni todo es espionaje, ni DFS, ni asesinatos, pero el dinero como se distribuía es de observarlo y pedir explicación; partidas para todo: especiales, secretas, entrevistas… en qué país vivíamos. Gobernación hacía una distribución de dinero grotesca. La agravante es que ese dinero se utilizó para espiar, esa es la principal causa y justificación de este libro”. Tres
décadas en las sombras Aunque el libro –el cual se editó con apoyo de LIMAC, en donde también se desempeña como investigador–, contempla dos décadas, Munguía señala que la historia es más que la guerra sucia. “Es la deuda más importante, es la ira, la vergüenza que debemos saldar y como país la tenemos que enfrentar. Hay muchos documentos, historias donde se cruzan los intelectuales, la cultura, la pintura, la fotografía; no todo es guerra sucia ni 68. Creo que, por salud mental, de pronto debemos darle una pequeña vuelta de hoja a esos años y mirar qué había más allá, cómo se movía este país, esa actitud de un país absolutista, autoritario, que impactaba en redes muy concretas de la vida de la cotidianeidad, cómo vivía la gente. Está claro que para entender esa dinámica debes convivir con los archivos”. Al hablar del compromiso que se tiene por parte de los comunicadores, Munguía reconoció que se abrió una caja de Pandora, “pero hay una responsabilidad de quienes investigamos en los archivos. En los medios de comunicación ese es un acento que debemos poner, hay que poner mucho énfasis en ello; debemos pensar menos en la nota, en el escándalo. “Este proceso de apertura nos obliga asumir otra actitud ante la historia, a largo plazo. Así como aprendemos de la historia, también nos está educando en otro tipo de actitud como periodistas. Es una caja interesante para quienes deseen verla como algo escandaloso, meramente para vender; la historia también vende, se ha vuelto un gran negocio para los medios. Creo que apenas comienza y tiene para largo”. Los
rostros del otro México “Hay mucho que decir; veamos los rostros del otro México, el de esos años. La historia nos debe servir para empezar a reírnos, el miedo hay que empezar a expulsarlo y reírnos de ese poder. Basta de tenerle miedo, va acompañado. Si nos damos cuenta cómo se construyó ese poder, cómo impactó en la cotidianeidad y la manera de cometer cosas de risa y absurdos, ahí nos vamos a reencontrar. Las deudas se están saldando, ya me río de ti, ya no te tengo miedo, ya estuvo. Si seguimos en el círculo de la guerra sucia reproducimos un discurso del miedo que, en el fondo, fue lo que le funcionó al sistema”. Pero
en sus visitas cotidianas al Palacio de Lecumberri no todo es abrir cajas,
también hay situaciones y anécdotas chuscas,
así como personas agradables y con conocimientos del tema con
las que se encontró. Al respecto señala: “Una de
las mejores anécdotas es conocer a personajes clave para la
historia de México, como Vicente Capello, hombre con todas sus
contradicciones, se le pueden reprochar muchas cosas y cuestionar otras
tantas; sus vínculos,
relaciones y amistad con personajes como Fernando Gutiérrez
Barrios, Nazar Haro y todo lo que fue la DFS; más allá de
eso, es un personaje que sin él no tendríamos gran parte
de estos archivos. Se le ha encajonado más en el personaje del
miedo, tenebroso, como Guillermo de Baskerville, quien resguarda esa
gran biblioteca. Es un hombre fiel a esa biblioteca, además
de no permitir que alguien vulnere lo que ha costado tanto tiempo.
Hay mucho que contar”. |
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